フエンテ・オベフーナ — ロペ・デ・ベガ
Título Fuenteovejuna Acto I Acto II Acto III Sobre Fuenteovejuna Sobre Fuenteovejuna Félix Lope de Vega y Carpio 1619 Exportado de Wikisource el 9 de mayo de 2026 français Índice (no listados originalmente) Acto I Acto II Acto III Personajes La reina ISABEL de Castilla El REY Fernando de Aragón Rodrigo Téllez Girón, MAESTRE de la Orden de Calatrava Fernán Gómez de Guzmán, COMENDADOR Mayor de la Orden de Calatrava Don Gómez MANRIQUE Un JUEZ Dos REGIDORES de Ciudad Real ORTUÑO, criado del Comendador FLORES, criado del Comendador ESTEBAN, Alcaide de Fuenteovejuna ALONSO, un regidor de Fuenteovejuna Otro REGIDOR de Fuenteovejuna LAURENCIA, labradora de Fuenteovejuna, hija de Esteban JACINTA, labradora de Fuenteovejuna PASCUALA, labradora de Fuenteovejuna JUAN ROJO, labrador FRONDOSO, labrador MENGO, labrador gracioso BARRILDO, labrador LEONELO, Licenciado en derecho CIMBRANO, soldado Un MUCHACHO LABRADORES y LABRADORAS MÚSICOS ACTO PRIMERO Salen el COMENDADOR, FLORES y ORTUÑO, criados COMENDADOR: ¿Sabe el maestre que estoy en la villa? FLORES: Ya lo sabe. ORTUÑO: Está, con la edad, más grave. COMENDADOR: Y ¿sabe también que soy Fernán Gómez de Guzmán? FLORES: Es muchacho, no te asombre. COMENDADOR: Cuando no sepa mi nombre, ¿no le sobra el que me dan de comendador mayor? ORTUÑO: No falta quien le aconseje que de ser cortés se aleje. COMENDADOR: Conquistará poco amor. Es llave la cortesía para abrir la voluntad; y para la enemistad la necia descortesía. ORTUÑO: Si supiese un descortés cómo le aborrecen todos y querrían de mil modos poner la boca a sus pies-, antes que serlo ninguno, se dejaría morir. FLORES: ¡Qué cansado es de sufrir! ¡Qué áspero y qué importuno! Llaman la descortesía necedad en los iguales, porque es entre desiguales linaje de tiranía. Aquí no te toca nada; que un muchacho aún no ha llegado a saber qué es ser amado. COMENDADOR: La obligación de la espada que se ciñó, el mismo día que la cruz de Calatrava le cubrió el pecho, bastaba para aprender cortesía. FLORES: Si te han puesto mal con él, presto lo conocerás. ORTUÑO: Vuélvete, si en duda estás. COMENDADOR: Quiero ver lo que hay en él. Sale el MAESTRE de Calatrava y acompañamiento MAESTRE: Perdonad, por vida mía, Fernán Gómez de Guzmán; que agora nueva me dan que en la villa estáis. COMENDADOR: Tenía muy justa queja de vos; que el amor y la crianza me daban más confianza, por ser, cual somos los dos, vos maestre en Calatrava, yo vuestro comendador y muy vuestro servidor. MAESTRE: Seguro, Fernando, estaba de vuestra buena venida. Quiero volveros a dar los brazos. COMENDADOR: Debéisme honrar; que he puesto por vos la vida entre diferencias tantas, hasta suplir vuestra edad el pontífice. MAESTRE: Es verdad. Y por las señales santas que a los dos cruzan el pecho, que os lo pago en estimaros y como a mi padre honraros. COMENDADOR: De vos estoy satisfecho. MAESTRE: ¿Qué hay de guerra por allá? COMENDADOR: Estad atento, y sabréis la obligación que tenéis. MAESTRE: Decid que ya lo estoy, ya. COMENDADOR: Gran maestre, don Rodrigo Téllez Girón, que a tan alto lugar os trajo el valor de aquel vuestro padre claro, que, de ocho años, en vos renunció su maestrazgo, que después por más seguro juraron y confirmaron reyes y comendadores, dando el pontífice santo Pío segunda sus bulas y después las suyas Paulo para que don Juan Pacheco, gran maestre de Santiago, fuese vuestro coadjutor: ya que es muerto, y que os han dado el gobierno sólo a vos, aunque de tan pocos años, advertid que es honra vuestra seguir en aqueste caso la parte de vuestros deudos; porque, muerto Enrique cuarto, quieren que al rey don Alonso de Portugal, que ha heredado, por su mujer, a Castilla, obedezcan sus vasallos; que aunque pretende lo mismo por Isabel don Fernando, gran príncipe de Aragón, no con derecho tan claro a vuestros deudos, que, en fin, no presumen que hay engaño en la sucesión de Juana, a quien vuestro primo hermano tiene agora en su poder. Y así, vengo a aconsejaros que juntéis los caballeros de Calatrava en Almagro, y a Ciudad Real toméis, que divide como paso a Andalucía y Castilla, para mirarlos a entrambos. Poca gente es menester, porque tienen por soldados solamente sus vecinos y algunos pocos hidalgos, que defienden a Isabel y llaman rey a Fernando. Será bien que deis asombro, Rodrigo, aunque niño, a cuantos dicen que es grande esa cruz para vuestros hombros flacos. Mirad los condes de Urueña, de quien venís, que mostrando os están desde la fama los laureles que ganaros; los marqueses de Villena, y otros capitanes, tantos, que las alas de la fama apenas pueden llevarlos. Sacad esa blanca espada; que habéis de hacer, peleando, tan roja como la cruz; porque no podré llamaros maestre de la cruz roja que tenéis al pecho, en tanto que tenéis la blanca espada; que una al pecho y otra al lado, entrambas han de ser rojas; y vos, Girón soberano, capa del templo inmortal de vuestros claros pasados. MAESTRE: Fernán Gómez, estad cierto, que en esta parcialidad, porque veo que es verdad, con mis deudos me concierto. Y si importa, como paso a Ciudad Real mi intento, veréis que como violento rayo sus muros abraso. No porque es muerto mi tío piensen de mis pocos años los propios y los extraños que murió con él mi brío. Sacaré la blanca espada para que quede su luz de la color de la cruz, de roja sangre bañada. Vos, ¿adónde residís tenéis algunos soldados? COMENDADOR: Pocos, pero mis criados; que si de ellos os servís, pelearán como leones. Ya veis que en Fuenteovejuna hay gente humilde, y alguna no enseñada en escuadrones, sino en campos y labranzas. MAESTRE: ¿Allí residís? COMENDADOR: Allí de mi encomienda escogí casa entre aquestas mudanzas. Vuestra gente se registre; que no quedará vasallo. MAESTRE: Hoy me veréis a caballo, poner la lanza en el ristre. Vanse. Salen PASCUALA y LAURENCIA LAURENCIA: ¡Mas que nunca acá volviera! PASCUALA: Pues a la hé que pensé que cuando te lo conté más pesadumbre te diera. LAURENCIA: ¡Plega al cielo que jamás le vea en Fuenteov