田舎の生活 — ジョヴァンニ・ヴェルガ
You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.org . If you are not located in the United States, you will have to check the laws of the country where you are located before using this eBook. Title : La vida en los campos: novelas cortas Author : Giovanni Verga Translator : C. Rivas Cherif Release date : October 24, 2012 [eBook #41161] Most recently updated: October 23, 2024 Language : Spanish Other information and formats : www.gutenberg.org/ebooks/41161 Credits : Produced by William G. Spahr *** START OF hathitrust.org) COLECCIÓN UNIVERSAL GIOVANNI VERGA La vida en los campos NOVELAS CORTAS La traducción del italiano ha sido hecha por C. Rivas Cherif. CALPE MADRID, 1920 "Tipográfica Renovación" (C.A.), Larra, 6 y 8 — MADRID. Nacido en Catania en 1840, Giovanni Verga es en la literatura de la Nueva Italia genuino representante de la bravía Sicilia en que vió la luz. Sus primeras obras, influídas del sentimentalismo francés, en que moría el género romántico, muestran ya, sin embargo, uno de los caracteres netos de la personalidad de su autor: la lucha contra el medio ambiente en que viven sus criaturas de ficción. Pero sólo cuando, apartándose decidido de toda transfusión autobiográfica, acepta con entusiasmo la fórmula verista del realismo triunfante en Francia, y con sujeción a ella presenta, en cuadros de un vigor y una pincelada inusitadas a la sazón, el alma de su pueblo, adquiere relieve y prestigio singulares el nombre de Giovanni Verga. Data su primer cuento "siciliano" Nedda , incluído luego en la colección que hoy traducimos, de 1874. De diez años después es su célebre Cavalleria rusticana , popularizada en Italia en su forma escénica, muy posterior, y que ha corrido el mundo entero en la adaptación musical del compositor Mascagni. Tienen estas narraciones breves, de concepción casi dramática, todos los precios y deméritos propios de la escuela realista en que Verga profesa, con entusiasmos de neófito a veces, según puede verse en la curiosísima dedicatoria a su contemporáneo el novelista Salvador Farina, con que comienza L'amante di Gramigna , aquí incluído. Figura asimismo en esta serie de LA VIDA EN LOS CAMPOS un boceto, Fantasticheria , en que el autor esboza en cuatro pinceladas el paisaje y las figuras que un año más tarde, en 1881, se convirtieron en la novela I Malavoglia , traducida por nosotros para este colección con el título de Los Malasangre[1]. La lupa , segundo cuento de los que hoy ofrecemos, fué asimismo convertido en drama más tarde. [1] Colección Universal, números 134, 135, 136 y 137. LA VIDA EN LOS CAMPOS INDICE Los rústicos caballeros ("Cavalleria rusticana") "La loba" Nedda Capricho (Fantastichería) Jeli el pastor "Malpelo" (Rosso Malpelo) La querida del "Abrojo" (L' amante di Gramigna) Guerra de Santos "Pucherete" (Pentolaccia) LOS RÚSTICOS CABALLEROS (Cavalleria rusticana.) Turiddu Macca, el hijo de la "señá" Anuncia, al volver de servir al rey, pavoneábase todos los domingos en la plaza, con su uniforme de tirador y su gorro rojo, que parecía "talmente" el hombre de la buenaventura cuando saca la jaula de los canarios. A las mozas íbanseles tras él los ojos, según entraban en misa, recatadas bajo la mantilla, y los chiquillos revoloteaban como moscas a su alrededor. Había traído hasta una pipa con el rey a caballo, que parecía de verdad, y encendía los fósforos en la trasera de los pantalones, levantando la pierna como si diese un puntapié. Mas, con todo, Lola la del señor Angel no se dejaba ver ni en misa ni en el balcón: que se había tomado los dichos con uno de Licodia que era carretero, y tenía en la cuadra cuatro machos del Sortino. Cuando Turiddu lo supo, en el primer pronto, ¡santo diablo!, quería sacarle las tripas al de Licodia; pero no lo hizo, y se desahogó yendo a cantar bajo la ventana de la bella cuantas canciones de desdenes sabía. — ¿Es que no tiene nada que hacer Turiddu, el de la "seña" Anuncia — decían los vecinos —, que se pasa las noches cantando como un gorrión solitario? Al cabo, topó con Lola, que volvía del viaje a la Virgen de los Peligros, y que al verle ni palideció ni se puso colorada, cual si nada hubiera pasado. — ¡Ojos que te ven!— le dijo. — Hola, compadre Turiddu; ya me habían dicho que habías vuelto a primeros de mes. — ¡A mí me han dicho otras cosas! — respondió —. ¿Es verdad que te casas con el compadre Alfio el carretero? — ¡Si es la voluntad de Dios...! — contestó Lola, juntando sobre la barbilla las dos puntas del pañuelo. — ¡La voluntad de Dios la haces con el tira y afloja que te conviene! ¡Y la voluntad de Dios ha sido que yo tenía que venir de tan lejos para encontrarme con tan buenas noticias, Lola! El pobrecillo intentaba aún dárselas de valiente; pero la voz casi le faltaba e iba tras de la moza contoneándose, bailándole de hombro a hombro la borla del gorro. A ella, en conciencia, le dolía verle con una cara tan larga; pero no tenía ánimos para lisonjearle con buenas palabras. — Oye, compadre Turiddu — le dijo, al fin —, déjame alcanzar a mis compañeras. ¡Qué dirían en el pueblo si me vieran contigo!... — Es verdad — respondió Turiddu —. Ahora que te casas con el compadre Alfio, que tiene cuatro machos en la cuadra, no hay que dar que hablar a la gente. Mi madre, la pobre, ha tenido que vender nuestra mula baya y el majuelillo de la carretera mientras yo era soldado. Pasó el tiempo en que Berta hilaba, y tú ya no te acuerdas de cuando hablábamos por la ventana del corral ni de cuando me regalaste el pañuelo aquél, antes de marcharme, que Dios sabe las lágrimas que lloré en él, al irme tan lejos, tan lejos, que se perdía hasta el nombre de nuestro pueblo. Ahora, adiós, Lola; hagamos cuenta que no hay más que decir, y que si te he visto, no me acuerdo. La Lola se casó con el carretero, y los domingos se ponía en el corredor, con las manos en el vientre, para enseñar todos los anillos de oro que le había regalad